Otra vez viajo en el colectivo y concluyo: “me he convertido en un Idealista”. Es difícil para nosotros, los fotógrafos errantes, admitir estos supuestos reales que nos corrompen.
Las magnificas ilusiones nos jalan del cuello frágil de luna y nos contraen las zapatillas, las mismas con que caminamos hacia el transporte público y colocamos al lado de nuestros sueños en las noches junto a la cama.
Y aquí estoy atravesando las calles, marcando en el polvo del cemento el epitafio de mis gritos de fantasías muertos en la ciudad; esta ciudad que vive y desespera hacia su destino de nada.
Simplemente me he convertido en un idealista, uno que día a día, corre detrás de ese colectivo con patente de paz y libertad y un mágico cartelito en la puerta con las letras: f-e-l-i-c-i-d-a-d. Llevo mi sarcófago a cuestas de mi dulzura y una banderita blanca que se desprende de mi sombrero…
Me he convertido en un ingenuo y estúpido idealista que sabe distraer las sombras y se esmera en contar moneditas, para así, pagar mi boleto de ida hacia una muerte de transito terrenal y segura.
oh gabrielle, bienvenida al mundo blog xDD
ResponderEliminarTE AMO!
agradezco ser idealista, ya te dije lo que opino :P
ResponderEliminarapocaliptica de mierda (?)